
sábado, 16 de mayo de 2009
los globos, pues, andaban dando tumbos, y las uñas no hacían daño; mas la espera que parecía disuelta en los pies, los hombros que se tocaban -hace tanto tiempo, verdad, padre?- y el sol que daba vueltas en la tarde rara, era el escenario perfecto, imagínatelo: el camino que frente a nosotros -cuántos éramos? la cuenta no sale- se desviaba en el conocido requiem de la esquina, con sus lumbres y atestados escombros de alimentos, comida, o vaya a saber qué rotos enlaces; digo: frente se abría, boca desgarrada, el día, sus cimientos que nos llevaron a donde no hubiera recuerdos, justo a donde despertar termina por ser otro sueño, más pesado, tal vez, pero más luminoso.

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